Little Women o cómo refrescar un clásico coming-of-age

Seamos honestos desde el principio: es fácil tener un prejuicio hacia Mujercitas. La traducción al español del título original –Little women– con ese diminutivo medio despectivo no ayuda a evitar esta predisposición negativa ante una película que puede suponerse infantil, cursi o desactualizada, pero que, a medida que vayamos revisando esta película, nos iremos dando cuneta que afortunadamente no cae en ninguno de estos escollos, aunque no quiero adelantarme aun.

La cinta dirigida por Greta Gerwig es la más reciente de 8 adaptaciones cinematográficas de la novela homónima escrita por Louisa May Alcott; es de suponerse que una historia llevada al cine tan insistentemente debe tener algún encanto. Por si fuera poco, Little women tiene 6 nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor película, y mejor guión adaptado.

La historia se centra en cómo las cuatro hermanas March lidian con la partida de su padre a la Guerra civil estadounidense mientras intentan balancear sus muy variados anhelos y caracteres a través de las pruebas grandes y pequeñas que la vida les presenta, obligándolas –incluso a su pesar– a convertirse en adultas. Esta sencilla trama coming-of-age cautiva por su humanidad y transversalidad, porque todos y todas podemos descubrir un poco de nosotros mismos en alguno de los entrañables personajes y en sus luchas más o menos cotidianas.

El reparto es sin duda una de las grandes fortalezas de Little women, tal como confirman las nominaciones de Saoirse Ronan a Mejor actriz y de Florence Pugh a Mejor actriz de reparto. Ambas hacen un trabajo magistral en destacar a sus personajes –Jo y Amy– como las hermanas con más peso dramático y desarrollo en esta adaptación. Beth (Eliza Scanlen) es, tanto en la novela como en la película, más un catalizador de la acción que un personaje como los demás. Por su parte, Meg es el único personaje que pierde en esta versión: Emma Watson no es creíble intentando encarnar a la ingenua pero vivaz y maternal hermana mayor, además de que el guion omite escenas en que demuestra su fuerza y nos deja solo un tibia contraparte para Jo. Es importante, sí, destacar que los momentos en que las cuatro actrices interactúan son perfectos y retratan las relaciones entre hermanas adolescentes con una naturalidad que haría sonreír hasta al más cínico. Esta relación orgánica solo se enriquece con los geniales aportes de Meryl Streep como la amargada tía March y la increíble química que Timothée Chalamet (Laurie) desarrolla ante la cámara con Saoirse Ronan. Chris Cooper como el sr. Laurence, en cambio, resulta bonachón desde el principio y se echa de menos su desarrollo de personaje.

El otro punto absolutamente destacado de esta cinta tiene que ver con la mirada nostálgica desde la que está construida. La clave para lograr este efecto está en el uso de los tiempos; la narración no es lineal, sino que presenta constantes saltos que oponen la niñez de ayer con la adultez de hoy. Salvo el primero, el paso de un tiempo a otro no están señalados explícitamente, lo que obliga al espectador a mantenerse atento y deducir en qué momento se encuentre gracias a las pistas entregadas especialmente por los colores que predominan; cálidos en el pasado añorado, más fríos en un presente en que las ilusiones han dado paso a la realidad. El vestuario juega un papel importante para presentar estas gamas cromáticas, en cambio, el maquillaje ayuda poco y nada. Al respecto, y pese al excelente trabajo de la actriz, presentar a una Florence Pugh evidentemente adulta interpretando a una niña de 12 o 13 años es pedirle demasiado al espectador.

¿Tiene sentido volver a traer Little women a la pantalla grande? Definitivamente. Esta película no solo alude a preocupaciones que son eternamente vigentes, sino que las actualiza. En este sentido hay quien pueda pensar que las reflexiones respecto al papel de la mujer en la sociedad son parte de un discurso “progre” metido con calzador, pero eso sería darle poco crédito al original de Louisa May Alcott., una mujer que ya cuestionaba a su tiempo no solo a través de su alter-ego literario Jo, sino por su compromiso con el abolicionismo, sufragismo, soltería e independencia económica. Si hay una obra que merecía una revisión actual es esta, y Greta Gerwig logra enriquecerla a través de una cinta honesta y poco pretenciosa que no cae en la lágrima fácil ni altera en absoluto el espíritu de la novela en que se basa.

Escrita por: Cami – IG:@something.wicked_

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