«Marvels» de Kurt Busiek y Alex Ross

Las hiperrealistas acuarelas de Ross guionizadas por un revisor argumento de Busiek en una historieta escrita y dibujada durante la década en que las cosas parecían ir bien…demasiado bien. La joya noventera de “La Casa de las Ideas” que este 2019 cumple 25 años. Uno de los intentos de álbum europeo mejor logrados por Marvel sintetizando la antología de su época dorada y todo contado a través de los ojos y años de un fotógrafo independiente ¿seguro sabes quién es? Porque esto y más es “Marvels” de Kurt Busiek y Alex Ross que reseñamos aquí y ahora en Ñoñoverso.cl.

Orígenes

Primeros 30 días del ’94 y DC Comics preparaba lo que fue el evento anual definitivo y que descomprimiría su línea temporal narrativa post-Crisis aun convulsa desde los hechos de “The Death of Superman”. Así, llegaba “Emerald Twilight” escrita por Ron Marz con dibujos de Darryl Banks:  Hal Jordan es Parallax y Kyle Rayner por la magia de un anillo se convierte en “el único y último Linterna Verde del Universo DC” (sic) El desenlace fue una de las mejores macro sagas de la década Zero Hour: Crisis in Time!” y que en Chile, años después, tendríamos la suerte de comprar en quioscos con sello de la mexicana Editorial Vid.

Mientras, la competencia en el mismo tiempo y espacio gira en otro sentido y publica una serie limitada de cuatro números en papel de calidad y formato Prestige, con ilustraciones más cercanas a la pintura nuevo realista norteamericana que a las típicas viñetas de los años noventa o a los dibujos estilo MacFarlane que ganaban fans por segundo en aquellos días. Esta serie se llama “Marvels” y combina las acuarelas de Alex Ross con un guion idea del editor en jefe Tom Defalco, llevado al papel por la pluma de Kurt Busiek y en el que los superhéroes son sólo el telón de fondo de la trama, todo, situado en las décadas de los sesenta y setenta, mejor conocida como la “Edad Dorada” de los cómics Marvel y publicado en años de grandes ventas, en un ahora ya lejano enero de 1994.

Seamos sinceros, eran los noventa y la gente compraba cajas del mismo cómic esperando el día en que lo invertido subiera a precio de coleccionista y la ganancia se multiplicara por tres a lo menos. Por el lado de las distribuidoras, Marvel obligaba unilateralmente a adquirir un número mínimo de historietas a cualquier tienda para vendérselos directamente. Si eras dueño de una comics store en USA aceptabas el acuerdo y no vendías un solo ejemplar del X-Factor #1, Uncanny X-Men #300 o The Punisher 2099 eso se volvía tu problema… pero para “La Casa de las Ideas” seguían siendo números azules.

También en Latinoamérica, los barcos llegaban con fardos y fardos de papel impreso a varios colores desde España porque Zinco y Forum vaciaban sus bodegas antes de quebrar (lo que iba a ocurrir de todas maneras) vendiendo todo a precio de escombro a quien quisiera comprarlo. El pueblo más perdido tenía una tienda de cómics lo más cerca de la plaza que se puede tener; si en tu pequeña ciudad llegaste a conocer una comiquería con más vitrinas que visitantes y que no alcanzó a durar más de un par de años en el mejor de los casos; si en tu pueblo paso lo mismo, probablemente tú y dos más eran los únicos clientes que compraban los tacos Zinco o las historietas Forum con portadas con (numeral) 1 y una X  de una colección que jamás superó la quinta entrega, en un comercio que tenía más aire que ventas.

La “idea” se generaba cuando alguien conocía a alguien que sabía de una persona dueña de las llaves de una bodega semivacía en que las revistas se acumulaban, el resto era seguir el “sueño americano”. Si ya lo hacían en Los Simpson y en Hey Doug! podían hacerlo desde aquí, podían vender historietas descatalogadas ganando el 40 por ciento tan rápido como corrían las hojas de colores bajo las yemas de “legiones de lectores” ¿y los compradores?, probablemente ellos agotarían en pocas semanas las decenas de ejemplares que no tenían ninguna numeración correlativa ni colección completa, elegantemente guardados en plástico que mantenían estos “juveniles comercios” en sus anaqueles. Así funcionaban las cosas y así llego esa tienda de cómics a tu pueblo en los años noventa.

«La gente esta fascinada con las Maravillas (The Marvels), a todos lados donde voy.

¿Marvels?

Así es como los llamo, podría ser un buen título también.»

»Marvels» de Busiek/Ross

Todo ocurriendo en la misma época en que Marvel probaba sus ideas como si no hubiese un mañana (que casi no lo hay) porque eran tantos y tan buenos sus números azules que planeaba un salto más: Álbumes europeos de cómic con superhéroes norteamericanos. “El Incal”, “Corto Maltes” o “El Click”, todas grandes ejemplos de viñetas europeas, todas, sin importar sus diferentes argumentos contenían un precioso dibujo: acuarelas; pinturas detalladas; vaporosas; hiperrealistas o absolutamente oníricas que sugerían movimiento, espacio e incluso lujuria, que en definitiva traían a la vida a sus personajes y ya era el momento que ese estilo “se impregnara“ a las primeras historias escritas por Lee y Kirby para contarse renovadas, esta vez, no por los mismos superhéroes sino  por  un nuevo personaje llamado Phil Sheldon y así llego «Marvels».

Argumento

Fines de los años 30 y un joven e incipiente fotógrafo neoyorquino asiste a la conferencia de prensa del genial científico renegado Phineas Thomas Horton. Las primeras viñetas nos muestran a Phineas desarrollando su trabajo en una ilustración que evoca más el romántico laboratorio del Doctor Víctor Frankenstein salido directamente de la pluma de Mary Shelley que el taller de un inventor del año 1939. El investigador se mueve entre medidores y tubos de ensayo, con un cigarrillo en los labios revisa su última creación que yace dentro de la cámara de cristal de la que se distingue una figura humana, que en la siguiente viñeta se enciende en llamas.

El científico llama a una ronda de prensa para comunicar su hallazgo al mundo, ha creado vida artificial y como “un Prometeo moderno” presenta ante el auditorio a un ser envuelto en fuego dentro de un ataúd de cristal, arde como una “Antorcha Humana”. Mientras en el público, Phil Sheldon, un joven e incipiente fotógrafo neoyorkino mira la escena que marcara el resto de su vida. Un soliloquio de “La Antorcha” pintado en negro, rojos y azules como una impresión de calor sirve de preámbulo a la historia de Phil; en las casi 210 páginas siguientes leerás como un joven aspirante a fotógrafo cruza el tiempo y el espacio hasta convertirse en exitoso escritor superventas de libros sobre superhéroes. Nos cuenta su historia por más de treinta años: cómo conocerá al amor de su vida; sufrirá un accidente que lo marca para siempre; crecerá la familia; tendrá temor de lo nuevo; trabajará directamente con J. Jonah Jameson y Peter Parker, finalmente una muerte lo lleva a retirarse a principios de la década de los 70 y todo en primera línea fotografiando y viviendo entre los “Marvels”.

Dibujo

Resumiendo, en dos palabras y un nombre: Alex Ross. Más arriba hablábamos del contexto histórico de esta historieta y como en la compañía la línea era la “escuela MacFarlane”. Nombres como Jim Lee, Rob Liedfeld y el mismo Todd MacFarlane son sinónimo de las viñetas de “La Casa de las Ideas” por esos días, Mazur y Danner en su “Comics: Una historia global, desde 1968 hasta hoy” reseñan este estilo : “ En contraste con los esfuerzos que había hecho DC/Vertigo durante la década de 1990 por ampliar mercados mediante el hincapié en las narraciones complejas, por aquella época Marvel se dedico a redoblar su atractivo a ojos de los lectores adolescentes masculinos al implicarse en la cultura de los dibujantes superestrellas…Aunque algunos de los dibujos de estos artistas eran, como es el caso de los MacFarlane, intensos y divertidos, gran parte de su obra se centraba en la recreación de rígidos y musculosos machos y heroínas de sexualidad casi imposible.”

Pero no Alex Ross. Evocando la pintura nuevo realista Norteamérica en una especie de homenaje-escuela a la obra de Edward Hopper, vuelve al uso del modelo real para crear sus personajes ( un ejemplo expreso con “Los trasnochadores” de Hopper y su guiño en “Marvels”) en que la proporcionalidad y el apego al canon pictórico clásico lo sitúa al otro extremo de por ejemplo los reconocibles dibujos e Rob Liedfeld por esos mismos años. Ross piensa en dar contornos, sentimientos, expresión, en resumen total vida a sus ilustraciones.

Abajo te dejo otra muestra, junto al guionista Kurt Busiek crea esta página que parece detener un instante y en la que podemos ver la misma escena desde varios puntos de vista, protagonistas y niveles de lectura: en la primera viñeta vemos la cara de Doris Jacquet que proyecta incertidumbre y la espalda de Phil que no nos da una respuesta clara; en las tres siguientes las hijas Beth y Jenny viven una micro historia en ese mismo momento absortas en su propio universo, y en la última la sonrisa de Phil cierra con alegría y optimismo las interrogantes de la  escena que gracias a los increíbles pinceles y realismo de Alex Ross pareciera que espiáramos desde la puerta de la habitación. Una increíble muestra del nivel de dibujo en esta novela gráfica.

Para terminar «Marvels» de Kurt Busiek y Alex Ross

Eran los noventa y generalmente el contenido de las historietas era lo más parecido a lo que saldría de una fabrica de salchichas de papel y tinta de segunda que puede haber…salvo por “Marvels”. La idea de un personaje común relatando los asombrosos hechos superheroicos de sus compañeros es muy antigua, para ejemplo “SnapperCarr o Edwin Jarvis (o guiños más recientes como la fracasada serie “Powerless”) pero con todos sus años ninguno logra la profundidad y para bien o mal la identificación con el lector que alcanza Phil Sheldon a través de un camino argumental que desarrolla conceptos como el gen superheroico emergiendo del ingenio científico más allá que de las puras determinaciones del azar, la prensa como creadora de realidad y la sicosis o el miedo ante lo desconocido y que Kurt Busiek logra proyectar en sus líneas. Aunque ni de lejos posee la lírica de Neil Gaiman o Tom King, tiene buenos momentos, como cuando Phil recibe una “visitante” inesperada en su casa. Un argumento correcto y con agradables cimas aunque a mí, personalmente, el final de la historia no me pareció tan redondo.

«Es como …como estar dentro de un globo de nieve…tan preciosas, tan extrañas e irreales…como si no estuviese ocurriendo ahora…como si fuera un sueño de algo que ocurrió alguna vez…»

«Marvels» de Busiek/Ross

25 años después, es imposible no reconocer, y cómo siempre, los dibujos de Alex Ross y aunque creo que su mejor saga con superhéroes es la posterior colaboración con Mark WaidKingdom Come”, inicia en “Marvels” un sello de autor. Muchas veces ocurriría después de ella que el dibujo de Ross era por lejos lo mejor de la historieta, como en una serie que hizo para DC Comics con Paul Dini allá los años 2000  y que inicia con Batman y termina con Shazam publicada en el formato original por la ahora extinta Unlimited Comics y que tendrá algunos números en la colección DC/El Mercurio actualmente saliendo en quioscos ( te sugiero comprar las Unlimited que podrás encontrar en ferias y librerías de usado ya que son las dimensiones en las que hay que ver esas ilustraciones, porque el guion ni siquiera merece la lectura) Yo recomendaría “Marvels” especialmente a los lectores que por primera vez se acercan a las viñetas de la ex Timely, porque resume de buena manera  varios años de historieta que en algunos casos no valen mucho la pena leer en el original. Hace pocos días y celebrando los 25 años “La Casa de las Ideas”  intento una vez más relanzar el título agregando una continuación a la serie original que se llama “Marvels Epilogue” y aunque por las portadas no se queda ( porque las hizo el ilustrador más nombrado en esta reseña) chiste repetido…

“Marvels”,  recuerda quizás la última gran década del cómics mainstream norteamericano, por lo menos en lo que se refiere a ventas y aunque 25 años después las grandes cadenas de comiquerías empiezan a cerrar sus tiendas, cuando la releí, volví a visitar la de mi pueblo, de la que no queda más que un recuerdo. Eso es para “La Casa de las Ideas” esta novela gráfica obra de Kurt Busiek y Alex Ross, un ejercicio de nostalgia que recuerdan (y reimprimen) con la esperanza que de alguna manera esto haga volver esos días, y la edición Salvat que revisamos, de tapa dura y aproximadas 224 páginas que incluyen un dossier con el proceso creativo y algunas portadas estilo Ross, fueron tan extraordinarias en su década que no se pueden entender sin acordarse de su tiempo y por todo eso y más hoy Ñoñoverso.cl aquí y ahora te recomienda leer “Marvels” muy probablemente “la mejor historieta Marvel de los ya muy  lejanos noventa”.

Hasta la próxima…

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Ben
Pin ups, cerveza, marihuana y comics, ¿dije que me gustaba la cerveza?, así, ya lo dije, eso es todo...