Devilman Crybaby: la humanización del demonio (Sin spoilers)

Evangelion, Berserk, entre otros, todos estos mangas/anime comparten su inspiración, Devilman de Go Nagai, una historia anti-guerra, que retrata las similitudes entre la humanidad y los demonios. Este pináculo del manga (el cual lamentablemente aún no leo) del año 1972 tuvo una adaptación estrenada a principios de este año. Devilman Crybaby, una serie de 10 episodios dirigida por Masaaki Yuasa, fue escrito por Ichiro Okouchi y finalmente fue distribuida por Netflix.

La historia de Crybaby nos sitúa en tiempos modernos donde nuestro protagonista, Akira Fudo, se reencuentra con su mejor amigo: Ryo Asuka, quien le informa a Akira que los demonios están conquistando la tierra desde las sombras. Mientras la pareja de amigos buscaba obtener evidencias de estos demonios, un incidente en un Sabbath convierte a Akira en un demonio, pero él logra controlarlo, manteniendo su consciencia, emociones y apariencia a voluntad, convirtiéndose en un Devilman.

En un comienzo la serie sigue una fórmula de presentar al demonio de la semana y cómo diversas situaciones hacen que Akira piense en su posición como Devilman, de qué forma esto afecta la vida de los demonios, la de Akira y aquellos que más quiere. La corta duración de la serie hace no da tiempo para rellenos, la serie va cambiando su ritmo al desarrollar aspectos emocionales de varios personajes frente a ciertos giros de trama.
Gran parte de la stractivo que encontré en esta serie fue gracias a estos tratamientos, por un lado, tenemos el desenfreno de sangre, libido, investigación demoniaca y por otro lado nos recuerdan que los personajes tienen problemas comunes como falta de amor, la búsqueda de la aceptación, sentimientos reprimidos, presión social.

La humanización de personajes es algo que Devilman toma como su principal motor, al pasar los capítulos los personajes dejan de ser sólo proyecciones narrativas y arquetipos que funcionan en propósito para llegar de un punto a otro, ya que, si bien cada capítulo es de la clásica duración de 20 minutos aproximados, la serie nos da pequeños detalles de su vida, gustos, pensamientos sobre la sociedad actual, preocupaciones por otros personajes y sobre todo la mayoría son empáticos. Estos elementos causaron un efecto reciproco en mí, algo que no muchas series de tan corta duración logran de manera tan efectiva o simplemente no se esmeran en hacer con tantos personajes.

La segunda parte o “arco” de la serie es una constante espiral hacia un caos, con temáticas más que interesantes que juegan desde la presentación del principal antagonista, los verdaderos actores en el lado de los demonios, histeria masiva, cómo la gente cae presa del caos y busca la salvación en lo colectivo. Además de momentos muy memorables (los cuales no mencionaré por obvios motivos) donde hay escenas que definen el heroísmo y otras que te harán llorar. Estas otras partes de la serie terminan por desembocar en un final tan chocante como triste, donde de nuevo nos plantean con las dudas que constantemente se responden, pero nunca resultan obvias para algunos personajes, el significado de la humanidad, el desenfreno de lo sentimental y que barrera nos dice que los demonios no pueden llorar.

Las técnicas de animación que utiliza Yuasa son el factor que más ha impactado al público, si conoces el trabajo del director sabrás como el surrealismo es la base de su trabajo, no es una animación convencional que gustará a personas más puristas en este ámbito, las proporciones se distorsionan, la realidad cambia de un momento a otro, hay diseños que sin mucho detalle transmiten lo imponente que son, criaturas que de por sé están fuera de una concepción objetiva. Su animación es un arma que juega con momentos netamente artísticos, peleas distorsionadas, exageraciones tanto en dichas peleas como en momentos cotidianos, hay momentos donde parece ser algo con bajo presupuesto y otros donde la fluidez manda. Aún así, el uso de los colores y planos de la serie es altamente creativo, aprovecharon dichas técnicas para hacer algo desenfrenado pero armonioso dentro de sus propias habilidades. Como mencioné, esto puede ser el todo o nada para algunas personas, así que sugiero ver algún tráiler, o si prefieres verla fresca con el pasar de los capítulos te acostumbraras a ella sin problemas.

El soundtrack de la serie es algo glorioso, el trabajo de Kensuke Ushio (Koe no Katachi) juega con temas electrónicos hardcore que intensifican todo lo que representan en pantalla, aún así, tiene temas lentos, con pianos y otros elementos que evocan distintas emociones como un sello para cada personaje, estos momentos más armoniosos se hacen presente en la mayoría de escenas cotidianas o momentos donde la emoción posee a los personajes. Si tuviera que compararlo con otro trabajo me recordaría a varios trabajos de Trent Reznor, pero con una esencia propia, tienen el lado industrial, ruidoso con tonadas que parecen provenir del mismísimo infierno, pero aún hay lugar para sentimentalismos y lágrimas.

Devilman Crybaby fue un corto viaje que ha dejado una gran huella para mí dentro de lo que va de este 2018, en 10 episodios me vi envuelto en una catarsis de la cual nunca podré olvidar, fue un cuchillo al corazón, una propuesta arriesgada que termina absorbiendo tus emociones si logras pasar su poco convencional estilo de animación y ritmo desenfrenado inicial. La recomiendo encarecidamente si estas dentro del mundo del anime y/o deseas ver algo corto, pesado y único en su propio estilo.

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